“La Perla del Soconusco”.

Del muro del director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Zoé Robledo:

El 11 de Septiembre de 1842, se emitió el decreto que eleva a #Tapachula, de villa a rango de ciudad. A propósito, comparto un texto que le escribí a “La Perla del Soconusco”.

Tapachula es la riqueza que huele a café, a mango, a plátano y a mar. En su condición de frontera: Tapachula es puerta y puerto, es el punto donde comienza la Patria.

En sus apellidos, Tapachula de Córdova y Ordóñez, ostenta con orgullo el legado de uno de los hombres más ilustres de nuestra historia: Fray Matías de Córdova, el padre de la Independencia de Chiapas, el defensor y alfabetizador de los pueblos indígenas. Fray Matías, el que trajo la imprenta y, con ello, el periódico El Pararrayos; una incipiente forma de la libertad de expresión. Fray Matías el filósofo, el poeta. El promotor de lo mejor que trae consigo la cultura: la posibilidad de usarla para ser libres. Conocer nuestra historia es parte de la libertad, saber que todos somos migrantes en este mundo, y que esa condición nos enriquece, nos hace libres. De ahí la importancia de los museos y centros de cultura, pues son puntos de encuentro donde converge la historia de nuestra comunidad. Espacios que nos muestran quiénes fuimos y también hacia dónde queremos ir.

Esta idea y este gran legado fue lo que me motivó a buscar la forma de regresarle a los tapachultecos y vecinos del Soconusco el emblemático lugar que es el Antiguo Palacio Municipal. En 2015, con el apoyo de ciudadanos y autoridades, comenzamos las gestiones, para que la Secretaría de Hacienda a través del fondo de programas regionales, destinara 24 millones a la recuperación de este espacio.

El objetivo: liberar el Palacio de años de olvido y desinterés; liberarlo de restauraciones y adecuaciones que afectaron su valor histórico. Liberarlo de un uso inadecuado y ajeno a su vocación: ahí, después de la presidencia municipal, hubo una cárcel, policía y oficinas. Hoy hay un extraordinario Museo de la Ciudad, el “MUTAP”.

Museo que muestra con orgullo nuestra condición de frontera, nuestro ánimo por recibir a quienes vienen de fuera; soñando o huyendo, invirtiendo o buscando la vida: chinos, alemanes, guatemaltecos, libaneses, españoles o japoneses. Este museo demuestra lo esperanzadoras que pueden ser las migraciones, al igual que las transformaciones. Por eso, mi reconocimiento a quienes entienden la migración no como una amenaza.

Nuestra tarea aún no ha terminado. La primera vez que entré a lo que hoy es el MUTAP me prometí: “no quiero ser un nombre más en una placa”. Quiero que este espacio esté siempre vivo, siempre lleno, con lectura, música, talleres y baile, conferencias, exposiciones, libros, con jóvenes y viejos, ciudadanos que hagan lo suyo.

Por eso, nada mejor que hacer de este Museo que retrata las vidas de esta ciudad un punto en el que convivan y se encuentren los ciudadanos. Donde la cultura y la historia sean un vehículo para fortalecer cadenas sociales y romper cadenas que hacen de lo público interés privado. Donde el arte y el conocimiento sean el punto para construir ciudadanía desde la ciudadanía. Un espacio abierto, público, resguardado y administrado por la sociedad, que paso a paso, se llene de vida, y se convierta en el lugar donde esos sueños de cultura y libertad de Fray Matías de Córdova y Ordoñez se hagan realidad.

Mi gran aspiración es que en nuestro futuro, la diversidad no sea enemiga. Que esto nos una y que me consideren el más tapachulteco de todos los conejos.

¡Felicidades Tapachula!