Contaminación de afluentes afecta la economía en Tabasco

El temor ya es latente entre la población que vive a las orillas del río Bitzal, pues desde hace tres meses no saben a ciencia cierta qué contiene el agua del afluente que está causando la muerte no solamente de manatíes sino de otras especies que ‘silenciosamente’ están siendo afectadas.

Novedades de Tabasco realizó un recorrido por la zona, constatando que algunos pobladores, como don José Cruz, siguen arrojando sus trampas con la finalidad de obtener una buena pesca de camarón; él recorría el río en su cayuco mientras iba dejando unas pequeñas trampas circulares… cuarenta, en total, según nos informó.

Al continuar el recorrido río arriba, nos encontramos a una familia que estaba desenredando su paño, el cual se había quedado atrapado entre los lirios acuáticos y ramas. “Ustedes son quienes viene a ver los manatíes muertos”, dijeron cuando nos acercamos a sus cayucos; era como si nos estuvieran esperando.

“Váyanse hacia Los Naranjos o para Naranjillo; ahí acaba de aparecer otro muerto”, señaló un individuo que estaba dentro del agua.

Al cuestionarles sobre cómo les ha afectado la situación, su respuesta fue tajante: “nos están saliendo ronchas, sobre todo por tener contacto con el agua y los niños tienen llagas en la piel. Dicen que el pescado está contaminado, por eso ya nadie quiere llevarlo… ¿pero cómo vamos a ganar dinero? Tenemos que trabajar”.

¿CÓMO SOBREVIVIR?

En Los Bitzales, la actividad económica es totalmente pesquera, pues un solo individuo puede pescar a la semana entre 70 y 90 kilos de especies variadas: carpa, tenhuayaca europea, bobo escama y hasta el pez diablo.

Rosario Ocaña lleva toda su vida viviendo en la comunidad de El Llano, Jonuta y es pescador desde hace 32 años. Sentado a la orilla de su cayuco y con los pies dentro del río, comentó a Novedades de Tabasco que es la primera vez que observa cómo animales tan resistentes como el manatí están muriendo de manera inexplicable: “pero solamente mueren adultos”, remató.

Esta contingencia ambiental ha afectado seriamente la economía de todas las familias de la zona, pues tienen que contratar a un lanchero que les lleve garrafones de agua purificada cada dos días, los cuales compran a 25 pesos cada uno.

“El problema es que sin trabajo no hay dinero, y si nadie quiere comprarnos pescado ¿cómo vamos a seguir comprando agua para beber, para bañarnos?” refirió don Andrés Acosta Asunción, integrante de la cooperativa de la comunidad Narváez Cirilo, que cuenta con un total de 34 productores.

Debido a que la actividad pesquera está suspendida, se ven en la necesidad de acudir a pozas tierra adentro, pero hay una limitante: “no podemos explotarlas mucho porque se van a acabar los peces ¿y luego de qué vamos a vivir?”.

Pedro Gutiérrez Romero, otro pescador afectado, llevaba consigo un paño listo para arrojarse al agua. Él sabe que la pesca en el río Bitzal es de alto riesgo, debido a que el agua está contaminada: “no sé qué tiene el agua, pero he visto cómo hasta el pez diablo se está muriendo”.

La misma situación vive don Celso Potenciano Trinidad, pescador de Bitzal tercera sección: “hoy salimos de casa desde las siete de la mañana y solamente hemos pescado como cuatro kilos; así nos damos cuenta que algo está pasando en el río”.

El problema en estas comunidades es realmente grave, no sólo por la muerte de los sirénidos sino por la situación que están viviendo los pobladores. Finalmente, nuestro guía nos llevó a una zona del río donde fue enterrado un manatí, ahí pudimos observar los huesos del animal, y para confirmar que algo peligroso está pasando, un espécimen de pez diablo muerto.