Patrón de asentamiento prehispánico y habitación actual del territorio en Salto de Agua

Por: Profr. Agustín Román Alvarez Bolívar

Entre los años 2007 y 2011, realizamos reconocimientos de una superficie en un área total de 120 km2, con el objetivo de llevar a cabo observaciones y muestreos arqueológicos, geológicos y etnográficos (Balcells, 2011 y 2014). El área recorrida se ubica en el espacio de transición del municipio de Palenque hacia Salto de Agua. Actualmente este espacio lo conforman ejidos y rancherías, entre los cuales destacan por la presencia de sitios y áreas de actividad prehispánica: Santa Isabel, Ampliación Cerro Norte, Pino Suárez, Agua Blanca, Miraflores, Puerta Negra, El Corozo, Las Colmenas, San Juan del Alto, San Miguel, Michol y Santa Rita.

Con fines analíticos, el área de estudio se clasificó en unidades geomorfológicas, estrategia que funcionó muy bien para tener un punto de partida para el análisis de la relación cultural-medio ambiente, tanto para los asentamientos prehispánicos como para las áreas de actividad actual. Se registraron cuatro grandes unidades geomorfológicas: ribera, planicie con lomeríos pie de monte y montaña. Si observamos la distribución espacio-temporal de sitios durante el Clásico Tardío sobre un modelo digital de elevación, es evidente una intensa ocupación en las áreas de pie de monte y montaña. En estas unidades se registran los asentamientos más complejos, sitios denominados cívico-religiosos, los cuales presentan edificios abovedados, juegos de pelota, áreas abiertas de plaza, acueductos y miradores, casi por reglas asociados a extensas áreas que presentan restos de terrazas de cultivos prehispánicos. En el resto de las unidades, se presentan asentamientos menos complejos, es decir conjunto de plataformas en la planicie o cercanas a la ribera, asociadas a restos de canales y campos alzados de cultivo prehispánico; o bien sitios cívico-ceremoniales menos complejos que los de montaña, localizados en la unión de ríos, asociados a restos de embarcaderos prehispánicos.

Este patrón resulta interesante porque los ejidos más complejos en cuanto a organización social y las áreas predilectas para el cultivo actual también están distribuidos en la montaña, o bien en pie de monte. En estas unidades se reutilizan espacios y estructuras arquitectónicas para construir áreas habitacionales modernas, donde muchas de las casas se construyen sobre plataformas para aprovechar los cimientos, o bien se rehabilitan las antiguas terrazas de cultivo. La intensa ocupación moderna de la montaña y al pie de monte puede complicarse por la presencia de manantiales y Leptosoles –suelos ricos en materia orgánica, nutrientes y carbonato de calcio-. En tiempos prehispánicos los Leptosoles fueron adaptados para instalar terrazas y actualmente continúan siendo áreas aptas para el cultivo de maderas finas, árboles frutales, granos y legumbres básicas en la dieta maya prehispánica y actual.

Otro caso interesante de reutilización y reelaboración territorial se da en los ojos de agua, manantiales y represas de naturaleza prehispánica, los cuales se modifican y actualmente funcionan como centros de culto y peregrinación. También vale la pena mencionar el caso de las cuevas, las cuales frecuentemente presentan fragmentos de porta-incensarios prehispánicos y artefactos líticos; estos lugares son considerados como peligrosos y en pocas ocasiones son explorados por los habitantes actuales. En otras ocasiones, las plataformas aisladas y dispersas son desmanteladas para la construcción de casas a partir de mampostería. Es en estos lugares donde se construyen discursos de facto sobre el pasado prehispánico, y posteriormente se producen en la comunidad, de persona a persona, creando un discurso alterno al oficial.

Anuario 2013, Centro de Estudios Superiores de México y Centro América, Universidad de Ciencias y Artes de Chipas.