La Importancia de la Educación

Por: RAÚL CONTRERAS BUSTAMANTE

El pasado miércoles 16 de mayo tuvo lugar en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal un evento sin precedentes en la historia de esta entidad federativa. Se trató de la entrega de la Medalla al Mérito Docente Jaime Torres Bodet.

Dicho galardón fue instaurado por la VII Legislatura —última en su tipo, ya que a ella habrá de sucederle un Congreso, según dispone la Constitución de la Ciudad de México— y tiene por objeto reconocer el espíritu de servicio, vocación y trayectoria de aquellos profesores —de todos los niveles de educación— que han contribuido de manera destacada en la formación de generaciones enteras de educandos.

Según se dijo en la ceremonia, nunca antes en la historia legislativa de la ciudad se había hecho un reconocimiento y homenaje de esta manera a sus maestros y, para darle mayor solemnidad, el galardón lleva el nombre de uno de los educadores más ilustres de México.

Me refiero a don Jaime Torres Bodet, quien estudió en la antigua Escuela Nacional de Jurisprudencia —antecesora de la actual Facultad de Derecho de la UNAM—; fue alumno del maestro Antonio Caso, secretario particular del rector de la Universidad Nacional, el insigne José Vasconcelos y ocupó diversos e importantes encargos públicos.

Fue secretario de Educación Pública durante los periodos de gobierno de los presidentes Manuel Ávila Camacho y Adolfo López Mateos. Llevó a cabo importantísimas tareas, entre otras, la Campaña Nacional contra el Analfabetismo, la instauración del CAPFCE, de los Libros de Texto Gratuitos, así como la construcción de los Museos de Antropología y de Arte Moderno.

Entre los ganadores de la presea estuvieron varios profesores distinguidos de la Facultad de Derecho de la UNAM, como el doctor Ricardo Franco Guzmán, el ministro José Ramón Cossío Díaz, el doctor Jaime Miguel Moreno Garavilla y quien este Corolario escribe.

Es cierto que México ha avanzado gracias a la labor de grandes hombres como Torres Bodet. Hoy somos la undécima mayor economía del mundo y, en gran medida, nuestro desarrollo se ha podido verificar gracias a la educación.

La educación es un derecho fundamental del hombre y al mismo tiempo el más importante de los derechos sociales. La enseñanza brinda equidad social y, a su vez, se convierte en la herramienta jurídica más eficaz para revertir la marginación social y para acortar la brecha que impide la conquista de los demás derechos de los mexicanos. Es, sin duda, el motor primordial para el éxito y desarrollo de nuestra nación.

Por ello, todas las fuerzas políticas del país deberían reconocer que no hay tema de mayor trascendencia en la agenda nacional que la educación. No es poca cosa, se trata de un tema de Estado, no de partidos ni administraciones.

Tratándose de educación, nos quedan muchos pasos por andar. Todos ellos —hay que decirlo de manera firme y clara— deben darse hacia adelante; siempre hacia adelante. Toda política es perfectible: afinemos, pero nunca claudiquemos. De por medio está el futuro de nuestros niños y jóvenes; sin duda, el futuro de México.

Para decirlo claro: la educación es una inversión estratégica indispensable. Sin enseñanza no sólo no habrá desarrollo, sino que tampoco existirá democracia plena. Los grandes problemas de México sólo se resolverán con más y mejor educación.

Como Corolario, las palabras de don Jaime Torres Bodet: “Son los sueños la materia que ilumina la inteligencia”.