GUSTAVO LAINES: PALENQUE 

A mediados del mes de marzo, campesino y pobladores que habitaban la zona cercana al volcán “Chichonal”, acusaban de actividades sísmicas constantes que los mantenía inquieto, incluso, veían humo emanar de aquel cráter.

En Palenque, Agustín Román recordó, los rumores sobre estos fenómenos se hacían escuchar, sin embargo, al estar a kilómetros de distancia de aquel Volcán, no tenían la relevancia entre los ciudadanos.

Mientras en Pichucalco, habitantes se encontraban preocupados por las constantes actividades sísmicas que los mantenían alerta; en Palenque, nuestro protagonista se encontraba participando en una huelga magisterial, en la que se encontró a muchos compañeros maestros que pertenecían a la zona del “Chichonal”, quienes le contaban lo que sucedía.

Durante el 27 de marzo, ya se dejaba entre ver lo que sería un hecho histórico para el sur del país, pues, en un campamento en el que se encontraba Agustín Álvarez junto con otros profesores en huelga, se contaba sobre movimientos sísmicos cada vez más fuertes en la zona alta de Pichucalco.

Álvarez recordó, que ese mismo 27 de marzo durante la noche, junto con algunos colegas salieron para apreciar el cielo estrellado, sin embargo, se encontraron con un panorama totalmente oscuro, algo, que le pareció totalmente inusual.

Al 28 de marzo de 1982, mientras se encontraban realizando un concurso de ping pong entre aquellos profesores, escucharon un estallido y una sacudida tan fuerte, que hizo que todos detuvieran sus actividades por unos segundos, causando incertidumbre sobre el origen de aquel estruendo.

“Sentimos que cimbró la tierra y el estallido impresionante, que paramos partido de ping pong y comentamos donde estallarían esos tanques de gas, porque si cimbró durísimo, nos sorprendimos, nos golpeó duro el impacto.” Detalló.

Tras aquel estallido, recordó, el ambiente se tornó de incertidumbre y nervios, esperando alguna noticia que les informara sobre el origen de aquel fenómeno que sacudió el suelo y abrió el cielo con un estruendo.

Eran las dos de la mañana del día 29 de marzo, cuando del cielo comenzó a caer ceniza a modo de lluvia, que se volvía cada vez más densa, por lo que Álvarez y demás profesores decidieron volver a sus casas, aún sin saber que el volcán “Chichonal” había hecho erupción.

Al regresar a su casa, Agustín Román, contó, dieron las seis de la mañana, las siete, las ocho, incluso a las nueve de la mañana, y el sol pareciera no haber salido nunca, pues una espesa y gran nube de ceniza habría cubierto totalmente el cielo, oscureciendo a la ciudad entera.

No fue sino, luego de encender la radio, escuchó la noticia del momento, el tema del que todos los noticieros estaban hablando, el volcán “Chichonal” había erupcionado, trayendo consigo una nube de cenizas de kilómetros. 

Con esta noticia en la radio, los ciudadanos entraron en pánico intentando salir de la ciudad, corriendo de un lado a otro tratando de abandonar Palenque por el temor que ocasionaba tal panorama.

Sin embargo, con el conocimiento que el ser Profesor de Biología le daba, la mayor preocupación de Agustín Román Álvarez Bolívar era el conjunto de gases tóxicos que la actividad volcánica podía traer consigo, por lo que, el 20 de marzo, decidió reunir a su familia y abandonar la ciudad.

“Un volcán o ayuda o elimina, por que tira sulfuro y metano a la atmosfera, y al precipitarse mata todo lo que encuentra, ese era mi temor, porque era una nube espesa sobre palenque, pero no le dije nada a nadie para no preocupar a la gente, solamente le dije a mi familia “nos vamos de aquí, tenemos dos carros y nos vamos hasta que esto sedimente o a ver qué pasa”. 

Con el peligro que significaba conducir con una niebla espesa de ceniza, que cubría hasta el más mínimo rayo de luz, Agustín salió con su familia para resguardarse en Tulum, mientras la ceniza se disipaba.

Al pasar los días, regresó a la ciudad de Palenque, donde se encontró con un panorama diferente, con todos los estragos que aquel fenómeno había dejado luego de la escena casi apocalíptica.

40 años después de estos eventos, Agustín Román recuerda aquel suceso cada 28 de marzo, el día en que palenque se oscureció, a lo que dijo, es afortunado de haber vivido tal experiencia. 

Una generación de Palencanos tuvimos la oportunidad de ver la intensidad de un fenómeno volcánico, de apreciar las modificaciones al entorno ecológico del sur de México y tuvimos la oportunidad de estarla platicando a 40 años después, a un periódico como lo es este, el Diario de Palenque.