Mundo Tlacuache

El dilema migratorio y sus fatales consecuencias


por Agustín Ramírez

Era agosto de 2018. Mi recién fallecido amigo, compañero y confidente de la carrera, Esaú y yo, nos echábamos al hombro un proyecto de investigación en fotoreportaje y videoreportaje. Era la primera vez que hacíamos algo así dentro de nuestra formación práctica.

Durante una semana, a las cinco de la mañana, Esaú y yo nos veíamos en una zona conocida como excaseta, en la ciudad de Coatzacoalcos para trasladarnos al punto de reunión de los migrantes, donde desde hacía 10 años en ese momento debían esperar el paso del tren para seguir su camino ‘a la USA’ como se expresan los catrachos.

Llegábamos y el panorama solamente cambiaba en el rostro de sus protagonistas, ya que el montaje escénico era el mismo: desde niños hasta ancianos, de todas las regiones de las que en burla decía yo, las provincias rebeldes de Centroamérica.

Cada historia era distinta pero la motivación la misma: vivir mejor.

Algunos ya ni siquiera buscaban llegar a Estados Unidos, con estar en ciudades sin tanta intolerancia a ellos bastaba.

Mike, de 17 años entonces, decía que no iba a parar hasta ver el amanecer en Los Ángeles. Se escapó de casa con unos amigos y a base de ayuditas logró llegar a la ciudad.

Los vimos por dos días seguidos. Luego ya no estaban. Su tren había partido.

En el tiempo que estuvimos ahí, algunos usaban al tren que hacía movimientos de práctica o traslado de material peligroso para simular como saltan al tren, una peligrosa maniobra que incluso a costado vidas.

En el tramo de las vías, un joven se despierta tomando su café.

Es Gerardo. Es la cuarta vez que llega a México y espera sea la definitiva. COMAR no pudo ayudarle y cree que llegando de nuevo a Tamaulipas podrá ser más fácil regularizar su situación en México.

En la antigua casa del migrante, en la colonia Coatzacoalcos, la situación es peor. La higiene existe, pero el calor humano y la tensión por la demora de ayuda de ACNUR hace que te sientas mal visto ahí, con una cámara de video y un micrófono enrollado para no hacer falso.

La encargada en turno esperó la aprobación del padre de la iglesia que procura el albergue.

Admite que es una labor pesada, pero no imposible. Espera que pronto la situación migratoria de muchos se solucione con el cambio de gobierno que ocurriría en unos meses.

HOY DÍA

No podemos culpar al Gobierno Federal por la situación en Chiapas. Eso no los exime de sus responsabilidades. El estado mexicano no esta acostumbrado a expulsar indocumentados de forma masiva.

México ha construido una imagen de país amigo por años y ahora, con los cambios que requiere la patria, nos hemos visto rebasados.

Lo ocurrido el jueves pasado nos hace ver que falta la misma preparación que tuvo Estados Unidos que pasar para la formación de la hoy Patrulla Fronteriza.

El desafío es grande y reciente, por ello el antecedente debe quedar marcado en este gobierno y sus líderes, quienes hacen todo lo posible por lograr las metas.

Pero al parecer la oscura mano de la corrupción sigue imperando en algunos puntos, haciendo que la tarea sea laboriosa.

El gober se comprometió a apoyar a los migrantes. No es solo eso, se requiere una profunda reforma a la vigilancia de unidades pesadas.

Los migrantes, por mucho que sea su responsabilidad, no se les debe permitir viajar a costa de polleros o traficantes. Su suerte es suya, pero la responsabilidad civil, moral y hasta diplomática, es nuestra.