DIOS JAMÁS SE OLVIDA DE SUS HIJOS

Ptr. José Enrique Jiménez Blandón

                Vivimos en una sociedad que cada día esta más hundida en la promiscuidad y por ende alejada de Dios. La mayoría de los hogares están a punto colapsar. Pareciera que Dios se ha olvidado de sus hijos. ¿Esto es cierto?

                Vayamos a las Escrituras para poder responder a esta sencilla pregunta, pero tan llena de incertidumbre para muchos. El Salmo 9:18 menciona:“Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente”.

                ¿Cuánto tiempo hace que tú estás suplicando por una determinada bendición y te da la impresión que al Señor no le importa tu pedido? Para unos, días, otros meses o quizá hasta años. El salmista presenta hoy una promesa alentadora. Tú no serás olvidado para siempre, y no serás perpetuamente frustrado. ¿No es una gran noticia?

                Pero hay una condición para que la promesa divina se cumpla. Tú necesitas ser un “menesteroso-pobre”. Aquí no se habla de dos tipos de personas. Tú sabes que esta es una poesía hebrea y que la belleza de la poesía hebrea no radica en la rima, sino en el paralelismo. El paralelismo es la repetición del mismo pensamiento en dos frases aparentemente diferentes. De modo que el menesteroso o necesitado de la primera frase, es el pobre o afligido de la segunda. Puede ser que tú estés afligido hoy, si estás enfrentando algún problema, Pero, necesitado, no necesariamente.

                La palabra hebrea menesteroso, “ébyón”, es usada por lo menos en tres aspectos diferentes. Para referirse a un estado de pobreza material, a una persona que no tiene posición social, o a una actitud de humildad ante Dios. Inclusive el verbo hebreo necesitar, “abah”, significa aceptar, consentir. Nadie acepta la intervención de otro si no se siente necesitado. Cuando el ser humano piensa que Dios está tardando en responder, es generalmente porque no llegó al estado de necesidad espiritual que lo lleva a aceptar la intervención divina en su vida.

                Aquella noche en el mar de Galilea, los discípulos lucharon con las olas y el viento contrario mientras tuvieron fuerzas. Eran pescadores, acostumbrados a las tempestades y tormentas, ¿para qué pedir ayuda? Ellos podían resolver el problema por sí mismos. Pero a la cuarta vigilia, allá por las cuatro o cinco de la mañana, cuando ya no tenían mas fuerzas, cuando el orgullo y la suficiencia humana habían desaparecido y se sentían “necesitados”, Jesús apareció andando sobre las aguas para socorrerlos. Jesús apareció en el momento más oscuro de la vida de los discípulos. Ellos no debían de temer nada porque el que los ha llamado él también no los “dejará ni desamparará”.

Sentirse necesitado no es un asunto de palabras ni de lágrimas, es una actitud del corazón. Es lo que tú y yo necesitamos aprender diariamente. Porque la promesa del Señor es: “Porque no para siempre será olvidado el menesteroso, ni la esperanza de los pobres perecerá perpetuamente”.

                Por otro lado, ¿Qué estaremos haciendo por aquellos no tiene que comer en este día? ¿Cuánta importancia tiene hacia ellos? He escuchado en varias ocasiones “que trabajen, además solo lo quieren para drogarse”. No juzguemos sin saber, sino pongámonos en los pies de aquellas personas y vayamos por los más necesitados.

                Te invito en el Nombre del Señor Jesús para que en éste día puedas tomar la mejor y la más grande decisión de tu vida, entregarte a Jesús. Dime, ¿hace cuánto tiempo vienes escuchando de entregarte a Jesús y hasta ahora no has hecho nada para hacerlo? Es el momento de hacerlo. Ven a Jesús ahora.

                Que Dios te bendiga. Amén.