El emprendedor no nace, se hace

De vender dibujos en la escuela, a crear su propio negocio de pollos asados. Esta fue la transición que Jaime García Rodríguez, un joven tabasqueño que, a causa de la pandemia, se vio obligado a emigrar a Palenque, siguiendo su meta de emprender.

Gustavo Andrés Laines Pérez: PALENQUE

Jaime es un joven de 20 años, que hoy ha seguido su pasión por emprender y ha puesto un restaurante de pollos asados, donde además ofrece en su menú la venta de antojitos, pero el camino del emprendimiento no ha sido nada fácil, pues ha tenido que pasar por diferentes retos para llegar hasta donde está.

Originario de Comalcalco, Tabasco, Jaime estudió en un internado naval en el municipio de Paraíso, perteneciente al mismo estado, esto por decisión propia. Es en este lugar donde admite, adquirió carácter y fortaleza que le servirían más adelante en su vida en los negocios.

Sería aquí donde comenzaría su vida como emprendedor, pues vendía dibujos para sus compañeros de clases y cartas personalizadas, pues confesó que muchos lo buscaban por la excelente caligrafía que poseía.

Pero no solo vendería dibujos y cartas, pues desde chico mostró sus dotes culinarios e incluyó en su venta los antojitos, pizza y helado de “pozol” que el mismo cocinaba.

Más tarde empezaría a trabajar en un restaurante, donde empezó a aprender sobre cómo se administraba un lugar de comida, algo que le sería de mucha utilidad, pues fue gracias a esto y a la influencia de sus padres, quienes confiesa son excelentes cocineros, que se propondría la meta de abrir un restaurante.

Sin embargo, la llegada de la pandemia afectó a todos los negocios y el restaurante donde trabajaba no fue la excepción, dejándolo sin empleo por la falta de clientes en el lugar.

Abrumado por el exceso de tiempo libre y la falta de ingresos, se vio obligado a emigrar de Tabasco a Chiapas, para encontrar un empleo, pues confesó que le gusta el dinero y el no tener una fuente de ingresos le hacía sentir incómodo.

Ya en Palenque, llegó a vivir con su tío quien era carpintero, por lo que decidió aprender el oficio trabajando en el taller durante algunos meses donde empezó a ganar algunas monedas, pese a ello, con su gusto por emprender y con su sueño en mente, tomó el valor y siguiendo lo que su corazón le indicaba, decidió abrir un negocio de pollos asados.

Sabiendo que el camino del emprendedor no es nada fácil, está empeñado en hacer crecer su negocio y hacer realidad su meta, por lo que además de vender pollos asados, también se despierta a las cuatro de la mañana para ir a vender tortas en una obra en construcción cercana a la zona y así generar más ingresos para algún día tener su propio restaurante.

Jaime sabe que el ser su propio jefe no es nada fácil, pues requiere el doble de esfuerzo, pero reveló que lo que lo motiva a seguir adelante y hacer las cosas bien, son las sabias palabras de su padre: “Siempre has las cosas bien y eso es lo que te recomendará.”

A pesar de saber lo difícil que es el camino de un emprendedor, no piensa dejar su meta, pues sabe que con esfuerzo y dedicación logrará salir adelante y cosechará grandes recompensas. Sin duda un ejemplo de que la motivación y las ganas pueden más que cualquier obstáculo o pandemia conocida.

Jaime le envía unas palabras a todos aquellos jóvenes que desean empezar su vida en los negocios y que por miedo a fracasar no lo han intentado: “Atrévanse a hacerlo, el dinero es algo importantísimo, pero, ya intentándolo ya estás ahí, pero también deben de tener conocimiento, estar preparado.”