TREN PARLAMENTARIO

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El cruzamiento del PRIAN y Ricardo Monreal
VICENTE BELLO
El Congreso mexicano acaba de sesionar para la celebración de un periodo extraordinario de sesiones, en el que diputados y senadores aprobaron casi por unanimidad cuatro leyes secundarias con dedicatoria a regular el Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
A la oposición del PAN, PRI y PRD (por esta ocasión, el MC no regateó sus votos para la aprobación de las leyes de marras) les volvió a aflorar la mordacidad que los caracteriza desde que comenzó el sexenio.
Pretextaban, para no votar por la celebración del periodo extraordinario, que los diputados de Morena querían incluir en el orden del día reformas a la ley del presupuesto para facultar al titular del Ejecutivo Federal hacer cambios al Presupuesto de Egresos de la Federación cuando haya en el país situaciones extremas por fenómenos físicos como la pandemia del coronavirus.
Otro gesto de rabia y odio de parte del PAN, PRI y PRD, fue la votación en contra que consiguieron el domingo pasado para no permitir que se celebre otro periodo extraordinario, el próximo 22 de julio, que promovía Morena, PT y PES.
Se mezclaron dos acciones de mala leche: uno del PAN y otro de Ricardo Monreal Ávila. Por el lado del PAN, el accionar envenenado fue de Laura Rojas Hernández, quien desde su condición de presidenta de la mesa directiva de la Cámara de Diputados votó en contra de la celebración del periodo extraordinario de marras, lo que le valió que diputados de Morena, PT y PES la calificaran de facciosa y desleal con su encargo.
Y por el lado del PRI, PAN y PRD, fue el zacatecano Ricardo Monreal Ávila el que, con una maniobra infame desde su pretendida condición de mandamás del Senado desde la presidencia de la Junta de Coordinación Política, hizo que el PRD siguiera conservando su status de grupo parlamentario en el Senado de la República, a pesar de que ya no le alcanzan los senadores.
El PRD de Miguel Ángel Mancera votó en contra, y fue el voto que a Morena, PT y PES los obstaculizó para que la Permanente pudiera convocar al periodo extraordinario del 22 de julio.
¿Y para qué, el periodo extraordinario del 22? Morena, PT y PES plantean que se dedida ya quiénes serán los cuatro consejeros electorales que, por mandato constitucional, tiene que elegir la Cámara de Diputados.
De nueve consejeros que conforman el Pleno del Instituto Nacional Electoral, falta cuatro. Y no ha podido la Cámara de Diputados elegirlos porque el Pan, PRI, PRD y MC han estado reventando el trabajo, pretextando que Morena se quiere hacer de la afinidad de ellos, cuando han sido el PAN, PRI y PRD los que han tenido el control político e ideológico de los consejeros.
Los cuatro consejeros a elegir, deberán sustituir a cuatro consejeros que concluyeron su periodo en abril de este año: Enrique Andrade González, Marco Antonio Baños Martínez, Benito Nacif Hernández y Pamela San Martín Ríos y Valles.
Los tres primeros están absolutamente identificados con los intereses del PAN y PRI. Y como estos dos infames y ruines partidos políticos no van a poder ahora relevarlos con gente de afín y subordinada a ellos, pues han estado tratando a toda costa de posponer la elección de marras, con la pretensión acaso de que el INE así se vaya de una vez hacia las elecciones federales intermedias de julio de 2021.
O sea, son mañosos y tramposos hasta las cachas, y a ese juego perverso entró sin rubor alguno la diputada Laura Rojas Hernández y el no menos mañoso y tramposo Ricardo Monreal Ávila, que desde el interior de Morena juega a la traición y coquetea con el PAN, PRI, PRD y MC en su ambición por la presidencia de la República en 2024.
En la Cámara de Diputados, tan pronto concluyó el periodo extraordinario reciente, arreció la disputa por la presidencia de la mesa directiva, a partir del 1 de septiembre, cuando el PAN deje el lugar que ahora ocupa a través de Laura Rojas.
Al forcejeo por la presidencia de la mesa directiva ya le entró, de lleno, el grupo parlamentario del Partido del Trabajo. La bancada del PRI ha comenzado, a su vez, a saltar como chapulín en comal.
El todavía partido de las siglas tricolor (hay un viejo debate sobre los colores de los partidos y los colores de la bandera nacional, que algunos quieren airear) está apuntado para la presidencia de la Cámara de Diputados en el tercero, último, y próximo, año legislativo de la 64 Legislatura.
Suponen que a ellos les toca, por tener supuestamente ser tercero en el tamaño de las bancadas de San Lázaro. Y la Ley Orgánica mandata que, para el caso de la Cámara de Diputados, quienes vayan a presidir la mesa directiva deberán ser los tres grupos parlamentarios más grandes, en orden descendente.
Durante muchos años, el PRI y PAN se aliaron muy cochinamente para hacerle tablas al tercer grupo parlamentario, el entonces PRD de Andrés Manuel López Obrador, para muy desaseadamente no permitirle que presidiera la mesa directiva el año completo. A lo más, se le permitía medio año. Y con el cuidado de que nunca lo fuese en los meses en que se celebraría una elección, ya sea la intermedia, como ocurrirá ahora en 2021, o en la presidencial.
Años demostraron PRI y PAN que a hijos de la chingada nadie les gana. Y ahora temen que Morena se las aplique, dándole la presidencia al PT. Veremos.

–o—

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