COROLARIO

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RAÚL CONTRERAS BUSTAMANTE

Medidas preventivas indispensables

Nuestra Constitución establece en su artículo 73, fracción XVI, Base 2ª, que, en caso de epidemias de carácter grave o peligro de invasión de enfermedades exóticas en el país, la Secretaría de Salud tiene la obligación de tomar —de manera inmediata— las medidas preventivas indispensables.

Por fin, el Consejo de Salubridad General ha comenzado a emitir directrices para enfrentar la pandemia del COVID-19, que implican la restricción del ejercicio de numerosos derechos humanos, en vías de hacer frente a este fenómeno sanitario que está ocasionando daños brutales a la humanidad.

El pasado 30 de marzo se publicó en el Diario Oficial de la Federación un acuerdo que declaró una emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor, y al día siguiente, un segundo acuerdo que estableció las acciones extraordinarias en materia de salubridad general —mismas que deberán ser determinadas por la Secretaría de Salud federal— e implementadas en todo el país por los sectores público, social y privado, destacando las siguientes:

1.- Suspensión inmediata de las actividades no esenciales y resguardo domiciliario, del 30 de marzo al 30 de abril del 2020.

2.- Las actividades consideradas esenciales podrán continuar con sus diligencias, éstas son las que directa o indirectamente sean necesarias para atender la emergencia sanitaria: seguridad pública, defensa nacional, procuración e impartición de justicia, actividades legislativas, sectores fundamentales de la economía, operación de los programas sociales de gobierno, conservación, mantenimiento y reparación de la infraestructura crítica que asegura la producción y distribución de servicios indispensables, entre otras.

3.- Se posponen, hasta nuevo aviso, todos los censos y encuestas a realizarse en el territorio nacional y el INE también ha postergado las elecciones en dos estados, que estaban previstas en julio.

4.- Se modificó la integración del Consejo de Salubridad General —mientras persista la emergencia sanitaria— para integrar como vocales titulares —con voz y voto— a las y los titulares de las secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores, Defensa Nacional, Marina, Seguridad y Protección Ciudadana, así como Trabajo y Previsión Social.

Sin embargo, faltan todavía operaciones importantes para contrarrestar al otro efecto de la pandemia, tan pernicioso como el sanitario: la crisis económica que ya está gestada; existen demandas de distintos sectores productivos respecto a la necesidad del otorgamiento de apoyos y flexibilidad en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

El Banco de México registró el peor trimestre del peso frente al dólar —desde 1995— al depreciarse un 26%; además, la OCDE estima que las medidas de confinamiento en nuestro país tendrán un impacto negativo de cerca del 30% de la producción. Esto significa que estamos por entrar en una contracción de la economía similar a la vivida en la década de los noventa.

Este fenómeno impredecible ha hecho resurgir conceptos como los de Estado nacional, defensa de la soberanía, suspensión de garantías y la necesidad de reafirmar los sentimientos de pertenencia e identidad nacional —mismos que habían dejado de tener su sitial de importancia, debido a la globalización—.

Será necesario para el gobierno reaccionar con rapidez e imaginación ante esta crisis para redefinir el rumbo y convocar a la unidad nacional. O, de lo contrario, este problema complejo amenaza con arrasar con todo lo que se le oponga.

Como Corolario, la frase del dramaturgo irlandés, George Bernard Shaw: “Las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia como humanidad”.

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