DE LEY Y ORDEN

El liberalismo social;
llave para la ciudadanía
(PARTE I)
<Ni neoliberalismo egoísta, ni populismo irracional, rumbo a la independencia ciudadana>
ERNESTO RAMÍREZ ISIDRO
Mucho se ha hablado en los últimos tiempos acerca del término <neoliberalismo>, al que según
Friedrich von Hayek, padre de esta corriente, define como la minimización del Estado en asuntos
de carácter jurídico y económico además de concebir que el Estado no puede asegurar la
redistribución, sobre todo en función de un criterio de «justicia social». Categóricamente se puede
exponer a esta corriente como una que busca el individualismo y asentada en bases egoístas.
Pero bien, lo que converge en la batalla de las ideas en principalmente la búsqueda del progreso,
de la comunidad, del municipio, del estado y por su puesto de el país. No obstante pedir cuentas a
las grandes ideologías que han hecho y rehecho la sociedad moderna parece ser una de las
características de la época actual, en este sentido, la ciudadanía se ha convertido en las últimas
décadas en un tema central de los cambios sociopolíticos en México. A medida que el país transitó
de un régimen autoritario a uno más democrático desde finales de los años setenta, la transición y
sus reformas electorales y de partidos comenzaron a plantearnos una serie de interrogantes sobre
el acompañamiento ciudadano que tendría la construcción de la democracia en nuestro país. Es
decir, qué tanto los cambios políticos y sociales habían contribuido a ampliar la noción
de ciudadanía, no solo desde el punto de vista formal y legal, sino desde la apropiación individual y
colectiva de valores y prácticas propicios a la democracia más allá de su versión procedimental.
En la historia política de México, la ciudadanía en su sentido liberal clásico de adquisición de
derechos y ejercicio de libertades individuales y colectivas como principios inalienables en el
contexto de la vida pública, no siempre fue un elemento natural a la organización social y política.
Desde sus primeras etapas como nación independiente hacia la primera mitad del siglo XIX, la
ciudadanía y el ciudadano fueron más bien ajenos a los incipientes proyectos de Estado-nación
que se instrumentaron. En el plano formal, la norma sí establecía la noción de individuo-ciudadano
sujeto de derechos, pero la realidad era esencialmente distinta en un país fragmentado territorial
y socialmente, situación constante a lo largo de todo el siglo XIX. Los ciudadanos eran imaginarios,
sostiene Fernando Escalante (2002), para decir que solo existían en la idea de los líderes y
gobernantes de la época y en los documentos legales, pero no en los hechos, pues estaban ausentes en la mentalidad, las prácticas y la vida cotidiana de la mayoría de los sectores sociales
de aquella época, esencialmente pobres y analfabetos.
Más de dos siglos después, el tema de la ciudadanía sigue generando preguntas y
cuestionamientos. En un periodo de postransición a la democracia y de cambios trascendentales
en la llamada “Cuarta Transformación”, nos preguntamos qué tanto ha cambiado la ciudadanía en
México y qué líneas de continuidad y cambio se podrían identificar en ella desde una perspectiva
histórica. En este sentido, un servidor expondrá de forma catalogada en más de dos entregas, la
ideología de la construcción de ciudadanía, vale la pena mencionar que los argumentos
desarrollados, nacen de una ardua investigación en este tema y especialmente de dos libros que
han marcado el rumbo indagatorio: “Qué hacer?: la alternativa ciudadana” y “La Década Pérdida”,
ambos de autoría del ex presidente Carlos Salinas de Gortari.
Para comenzar a reflexionar, debemos plantearnos: ¿Dónde estamos?, ¿A dónde queremos ir? Y
¿Qué debemos hacer?.
El Estado sin duda es un garante del bienestar en social y que debe velar sin duda por generar
oportunidades para los ciudadanos transiten hacia esa situación. Sin embargo es de pensarse que
estamos a la consigna de lo que las decisiones que se toman en las altas esferas del poder, hemos
padecido en México una reñida lucha entre actores políticos del neoliberalismo y el neopopulismo,
sería una mejor opción desencajar la idea de que el neoliberal actuará en consecuencia con el
mercado financiero y el neo populista como un dador de dádiva a la población, en este sentido la
única solución al problema social que enfrentamos actualmente es la misma actuación de los
ciudadanos.
Nadie hará más que el mexicano al mismo mexicano, lo que necesitamos ante el escenario actual
de pobreza, crisis social, delincuencia y corrupción, es la participación organizada de los
ciudadanos que obligue al estado a servir de acuerdo a las necesidades de la comunidad. Una
sociedad que logré enfrentar los embates del cambio político y social. No obstante no necesitamos
continuar con las prácticas partidistas del “acarreo y la dádiva a cambio del apoyo” del neo
populismo y mucho menos los números fríos del neoliberalismo.
VÍA CIUDADANA
Los ciudadanos debemos empoderarnos, por ejemplo, frente a la inseguridad, todos estamos
expuestos a ella, será muy difícil que una sola voz sea escuchada para resolver este problema,
pero, qué tal la de decenas o centenas de ciudadanos organizados y participando para hacerse
escuchar con firmeza por la autoridad y que brinde cuentas a la organización social.
En la próxima entrega, explicaré con abundancia el papel del estado como rector en la
construcción de ciudadanía, el error de la dádiva social y cómo construir ciudadanía.