El valor de la educación

“La educación es el arma más poderosa que existe para cambiar el mundo.” Nelson Mandela

Educar no es solo transmitir conocimientos, competencias o valores. Educar también es luchar contra la aceptación de la injusticia, contra la “normalidad” del desequilibrio, contra la falta de ética, contra la banalidad de los valores.

No podemos (ni debemos) olvidar que la educación es el instrumento que tiene la sociedad para compensar las desigualdades, para posibilitar que todos sus miembros pueden participar activamente de ella aportando su máximo potencial de forma crítica y constructiva para progresar hacia un mundo más justo.

La gran paradoja de la educación es que es, al mismo tiempo, transmisora y conservadora de la tradición cultural de una sociedad, y motor de cambio y transformación. Aunque casi siempre se potencia más su aspecto de perpetuación de la tradición sociocultural de la sociedad a la que sirve, no debemos subestimar su fuerza como motor de cambio.

El problema es que vivimos en un mundo que no funciona. Los humanos somos una especie destructiva capaz de crear ideologías que consideran inferiores a otros humanos, capaz de entablar conflictos bélicos en los que mueren millones de personas, capaz de destruir el planeta para que unos pocos, poquísimos, se hagan inmensamente ricos. Tal es el caso, en que actualmente en México y principalmente acá en Chiapas, la educación cada día se va en deterioro, toda vez que, las y los maestros no les interesa la educación de la niñez, dejando en abandono las aulas de trabajo, con una niñez que apenas sabe deletrear, o medio leer en secundaria y medio interpretar en nivel medio superior o en su caso medio redactar un texto en un nivel superior.

¿La educación puede arreglar algo de todo esto?

En la escuela actual, el mundo es el pupitre. Las aulas no tienen paredes, ni fronteras. Los grandes problemas de la educación, con pequeños matices, son globales. Evaluamos los resultados obtenidos por los sistemas educativos de distintos países y los comparamos, he incluso cometemos la barbaridad de hacer rankings. Cuando compartimos reflexiones educativas nos damos cuenta de tienen la misma vigencia en España, en Estados Unidos, en México, en Francia, en Rusia, en Argentina, en Chile, en Brasil, en Uruguay…

La educación es un valor universal, un lenguaje común que nos une, que nos hace a la vez iguales y diferentes. El mundo en el que vivimos, donde la información viaja a la velocidad de la luz, potencia el valor de la educación como “arma de construcción masiva” y como fuerza impulsora de una nueva manera de entender el mundo.

Si no creyera que la educación es una herramienta capaz de cambiar el mundo, mi labor y la de los millones de personas que nos dedicamos a la educación, en cualquiera de sus ámbitos y en cualquier punto del planeta, carecería de sentido.

Por eso hoy, es momento de reflexionar para que, entre todos, nos interesemos en la educación de nuestros hijos, siendo el factor primordial para el cambio de este país o de nuestro municipio.

No podemos hablar de cambios, cuando nuestros hijos no reciben la verdadera educación que viene de casa, mucho menos podemos hablar de trasformaciones cuando no hay seguimiento en las escuelas, factor importante en la formación académica de la niñez y de los jóvenes. Como poder hablar de lucha contra las injusticias si en las escuelas son tratados como tales, y, por si fuera poco, le quitamos el derecho de recibir educación.

Por eso, uno de los aspectos más interesantes de la educación, sobre el que merece que nuestros maestros hagan especial hincapié en sus clases, es la capacidad de transmitir humanidad y valores importantes, que están siendo relegados para favorecer una educación enfocada exclusivamente como una herramienta para encontrar trabajo en el mercado laboral. Aun cuando esta tarea es primordial, es necesario también afrontar la educación como un proceso para inculcar valores humanos, de tolerancia, de pensamiento independiente y crítico, y de formación intelectual.

No podemos caer en el error de desprender a la educación de ese parte que la convierte en un valor en sí misma por su función de educación integral de la persona, en conocimientos y valores útiles para la sociedad y para el individuo. De forma muy habitual se ha entendido la educación como una herramienta para alcanzar el estatus social, objetivos laborales, o beneficios económicos. Esto ha ocasionado, en parte, el alto número de fracaso y deserción escolar en general.

Necesitamos priorizar la educación de la persona como un valor en sí mismo; posiblemente no haya mejor objetivo en todo el proceso educativo que enseñar a pensar con independencia. Por tales motivos, es indispensable que cada maestro o maestra, padres de familia y los diferentes actores de la educación, debe facilitar las herramientas necesarias para con los educandos.

Nuestro concepto de la educación tiene un alcance demasiado estrecho y bajo. Es necesario que tenga una mayor amplitud y un fin más elevado. “La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudio. Significa más que una preparación para la vida actual. Abarca todo el ser, y todo el período de la existencia accesible al hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales”. (White) Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo, y para un gozo superior proporcionado por un servicio más amplio en el mundo venidero. Esto es lo que debe comprenderse lo importante que es el trabajo en las aulas. Una educación al servicio de la humanidad.