Vivir bien

Navidad, época para dar y recibir amor

Cada vez más, la Navidad se ha convertido en una temporada dominada por el consumismo que impulsan las grandes cadenas comerciales. Esto ha hecho que pierda poco a poco su verdadero significado. No es que esté mal esperar que alguien te dé un obsequio, y viceversa, pero los regalos que en realidad deberían de interesarnos son aquellos que no se pueden comprar, ésos que nacen de los sentimientos que los demás nos inspiran. Dar de sí mismo a los otros es lo que de verdad tiene un significado más valioso que todo el dinero del mundo.

Hoy me tomo el atrevimiento de sugerirte algunos de esos detalles que puedes dar a los demás, y seguro tendrás en tu corazón la certeza de haber hecho algo hermoso, correcto y generoso por quienes amas, e incluso por quienes apenas has visto por la calle, porque puedes hacer feliz incluso a quien no conoces.

Una actitud diferente

El mundo sería un lugar mejor si las personas se preocuparan más por ceder un asiento en el autobús o en el metro a alguien que lo necesite, o si ayudaran al anciano o invidente a cruzar la calle atestada de tráfico vehicular o inclusive si sólo se limitaran a recoger el producto que un comprador ha tirado sin querer en el supermercado y ha dejado por el camino, y de este modo evitar que se produzca una caída.

No sabes cuántas personas, a veces por vergüenza, no piden ayuda; no sabes de las muchas personas que sólo necesitan a alguien que no las ignore sólo porque no las conocen; una sola mirada o gesto amable haría que ese día fuera mejor.

Una sonrisa aquí, otra allá

Haz de tu sonrisa la mejor arma para hacer feliz a quienes te encuentres por tu camino, y para ser feliz tú mismo. Pero no permitas que ésta sea regalada sólo en Navidad, así que da tu mejor sonrisa a alguien con el rostro ceñudo, amargado, porque quizá cambies su humor; sonríele al señor sin hogar que duerme cada noche en una banca del parque, es posible que le cambies la perspectiva que tiene de las personas que poseen más que él. Es más, al mirarte en el espejo sonríete a ti mismo y alégrate el día, no sabes todo el alimento espiritual que recibirás a cambio, es de un valor inigualable y te colmará de las mejores energías para continuar tu vida.