Vivir bien

El intercambio de regalos en Navidad

Dar y recibir regalos es una de las celebraciones más características de la Navidad. En esencia, este intercambio es una actividad simple, pero realmente tiene un significado profundo tanto a nivel psicológico como social, pues actúa como un mecanismo de cohesión que favorece la interacción entre las personas. Ayuda a establecer vínculos, a definir las relaciones y a fortalecer los lazos con la familia y los amigos.

A través de ellos se expresa cariño, afecto y se muestra interés por los demás. Este valor ha sido reconocido a través de la historia de la humanidad y, durante miles de años, todas las culturas han realizado ceremonias que promueven el dar y recibir.

Existe una vieja polémica sobre quién gana más, el que da o el que recibe. Algunos estudios afirman que a menudo es el que da, más que el que recibe, quien obtiene los mayores beneficios. En este sentido, dar a otros refuerza nuestros sentimientos por ellos y genera la sensación de ser más competentes emocionalmente.

Cuando damos pensando en que le agradaría a la persona a quien vamos a regalar, este bienestar aumenta. La intención de hacer feliz a los demás es un acto de empatía que nos permite salir del egocentrismo. Este está asociado con niveles altos de gratificación.

Pero es un proceso de doble vía. También está comprobado que recibir obsequios provoca un gran impacto que genera sentimientos duraderos y significativos, como ser aceptados, tenidos en cuenta o hacernos sentir importantes y reconocidos. Tiene un efecto positivo en la manera como nos percibimos a nosotros mismos y también en el estado de ánimo.

Una encuesta sobre el significado de recibir, revelaba cómo las personas sienten que estar en la lista de obsequios de alguien muestra la importancia que esa persona tiene en su vida.

Lo cierto es que tanto dar como recibir representan muchos beneficios psicológicos, que incluyen el bienestar que se siente al regalar a los demás y también la gratificación al recibirlos. Ambas constituyen experiencias que tienen una alta recordación y que lleva también a otras acciones proactivas.

Cuando sentimos gratitud por los gestos de amabilidad de una persona para con nosotros, es más probable que también actuemos de la misma manera.

Para hacer más gratificante esta expresión de afectos vale la pena tener en cuenta estos puntos.

1. Ampliar el concepto de dar

Una percepción más amplia sobre el acto de obsequiar implica comprender que existen muchas maneras de mostrar afecto, que van más allá de las cosas materiales: una palabra amable, un abrazo, un saludo especial o un momento agradable.

Un buen regalo también es tomarse el tiempo para compartir, tener una amable y entretenida conversación, preparar una buena comida o escribir una carta con sentimientos genuinos. Estos actos sencillos pueden estar cargados de significados importantes. En este sentido, todas las personas están en capacidad de dar a otros y de estar abiertos a recibir.

2. Dar sin esperar alguna recompensa o gratitud

Por definición, un regalo es algo que se da sin esperar nada a cambio. La persona que da un obsequio normalmente está demostrando su afecto o consideración hacia alguien más. Pero también es cierto que suele esperarse algo en retorno, en especial en la Navidad.

Aunque no abiertamente, es posible que espere una reacción acorde a su propósito. No hay nada de malo que cuando uno da algo a otra persona, se espere reciprocidad, aunque es preciso evitar que se vuelva un mecanismo de presión. No es necesario corresponder de igual manera.

3. Aprender a dar y recibir

A veces nos decepcionamos con lo que recibimos porque no es acorde con nuestras expectativas. Saber recibir es el acto de manifestar plena aceptación de lo que le están brindando. Es posible aprender a tolerar la frustración de no recibir todo lo esperado, enfocándolo más en lo que se recibe y no en lo que falta. Valorar el significado de los pequeños detalles es una manera de hacerlo.

Igualmente, tampoco se trata de dar sin medida, ni de volver esta tradición una demostración de estatus económico o de poder.

No perder las expresiones afectivas
Como existe una tendencia consumista, muchas personas piensan que las fiestas son demasiado materialistas y deciden optar por no darse regalos para evitar toda la tensión, el esfuerzo económico y el estrés que esto produce. Aunque en la actualidad esto resulta cierto, el rechazo a recibir o intercambiar regalos durante las fiestas puede hacer que se pierda una importante conexión con la familia y los amigos.

Esto puede tener el efecto de desalentar a los demás a que nos tengan en cuenta.

Una tarjeta, un dulce o un lindo gesto pueden ser una alternativa.

Fuente  www.inteligenciafamiliar.com