Hoy, a 23 años del asesinato de quién pudo ser Presidente: Luis Donaldo Colosio

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Luis Donaldo Colosio Murrieta nació en Magdalena de Kino, Sonora el 10 de febrero de 1950 y murió en Tijuana, Baja California el 23 de marzo de 1994, un día como hoy pero de hace 23 años, fue un político y economista mexicano, miembro del Partido Revolucionario Institucional, que se desempeñó como diputado, senador, presidente de partido y titular de la Secretaría de Desarrollo Social de México. Fue candidato a la presidencia de México por el PRI hasta su asesinato el 23 de marzo de 1994 y lo que en aquel entonces y hasta ahora se considera el final de aquel sistema político mexicano que tuvo el PRI durante casi ocho décadas.

¿POR QUÉ MURIÓ?, LA SOSPECHA
El discurso pronunciado por Colosio frente al Monumento a la Revolución Mexicana, en la Ciudad de México, el 6 de marzo de 1994, en el aniversario del PRI, se considera como el rompimiento con el entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari y una revaluación de la política neoliberal.

El mensaje de Colosio habla de un México agraviado y en crisis, con hambre, con profundas diferencias sociales, pero con la esperanza de transformaciones. Aunque Salinas de Gortari estuvo de acuerdo con el contenido del discurso, el periódico El Norte de Monterrey registraba las presiones hechas por el oficial mayor de la presidencia José María Córdoba Montoya, para que renunciara. Córdoba Montoya desmintió la versión y después del asesinato de Colosio, asumió un cargo en el Banco Interamericano de Desarrollo, con sede en Washington, D.C., aparentemente con la anuencia de Ernesto Zedillo. Córdoba Montoya tampoco sería juzgado o siquiera investigado, durante el sexenio de Zedillo, por sus supuestas ligas al narcotráfico en las conversaciones telefónicas filtradas a la prensa con Marcela Bodenstedt (con la que Córdoba tendría un romance), una expolicía con nexos con el cártel del Golfo de García Abrego.

“Veo un México de comunidades indígenas, que no pueden esperar más a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y que están dispuestos a creer, a participar, a construir nuevos horizontes.
“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales.
“Como partido de la estabilidad y la justicia social, nos avergüenza advertir que no fuimos sensibles a los grandes reclamos de nuestras comunidades; que no estuvimos al lado de ellas en sus aspiraciones; que no estuvimos a la altura del compromiso que ellas esperaban de nosotros. Tenemos que asumir esta autocrítica y tenemos que romper con las prácticas que nos hicieron una organización rígida. Tenemos que superar las actitudes que debilitan nuestra capacidad de innovación y de cambio. […] Empecemos por afirmar nuestra identidad, nuestro orgullo militante y afirmemos nuestra independencia del gobierno.”

EL ASESINATO EN LOMAS TAURINAS
Luego de un inicio de campaña afectado por los efectos del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, el 1 de enero de 1994, Luis Donaldo Colosio Murrieta llegó el 23 de marzo de ese mismo año, alrededor de las 16:05, Tiempo del Pacífico, al aeropuerto Abelardo L. Rodríguez de la ciudad de Tijuana, Baja California. .

El primer lugar a visitar sería la colonia popular Lomas Taurinas, uno de los muchos asentamientos irregulares en la ciudad de Tijuana. En una explanada en pendiente, sobre la calle La Punta, se colocó un templete improvisado, montado sobre una camioneta.

Alrededor de 4 mil personas se reunieron para ver al candidato en el denominado «Acto de Unidad»; participaron cuatro oradores locales antes de que Luis Donaldo Colosio cerrara el evento con su discurso.

Cerca de las 17.00 (Tiempo del Pacífico), Colosio bajó del templete rodeado por una reducida escolta personal.

A las 17:12 de la tarde, cuando Colosio había caminado unos trece metros y medio en la explanada, uno de los asistentes al mitin penetró el cerco de seguridad, puso un revólver Taurus calibre 38 cerca del oído derecho del candidato y disparó. Un segundo disparo alcanzó a Colosio en el abdomen, quien cayó al suelo inconsciente, sangrando de la cabeza. En medio de la confusión, el grupo de seguridad capturó a un hombre de unos 25 años, de complexión delgada, tez morena y pelo rizado, vestido con pantalón de mezclilla y una chamarra negra.

Elementos de seguridad levantaron a Colosio y lo llevaron hacia su camioneta. A las 17:20 el candidato ingresó inconsciente al área de Urgencias del Hospital General de Tijuana. Se «realizaron diversas maniobras encaminadas a tratar de salvar la vida del paciente, pero médica y clínicamente era imposible por la gravedad de la lesión en la cabeza. No obstante todos los esfuerzos humanos y médicos que se realizaron, falleció Luis Donaldo Colosio», a las 18:55 horas, del 23 de marzo de 1994.

El presunto autor de los disparos, identificado como Mario Aburto Martínez, de 22 años de edad, originario de Michoacán y radicado hacía ocho años en Tijuana, fue detenido inmediatamente por quienes rodeaban al candidato en el momento del atentado y fue puesto a disposición de las autoridades. Mario Aburto sería interrogado por Manlio Fabio Beltrones en la noche del asesinato. El Mario Aburto presentado a la prensa en los días posteriores lucía un corte de pelo militar, menos moreno, no tenía los hematomas sufridos el día del asesinato en la cara y aparentaba estar más obeso[cita requerida]. Lo que desencadenó una serie de rumores sobre la autenticidad y posible reposición del verdadero asesino.

Distintas versiones señalan la existencia de una conspiración de Estado,4 sin embargo, la versión oficial señala únicamente la participación de Mario Aburto en el homicidio.

DESPUÉS DE LA MUERTE Y…¿EL CANDIDATO?
Con sólo cuatro meses antes de la elección, el PRI se encontró en apuros al no poder cumplir con el requisito constitucional de que ningún candidato presidencial puede ejercer un puesto público durante los seis meses anteriores al día de la elección; esto inmediatamente descalificó a todo el gabinete, donde estaban la mayor parte de los posibles sustitutos. Entre los pocos candidatos potenciales disponibles, Carlos Salinas de Gortari, a quién muchos señalan como el instigador del asesinato,6 finalmente escogió a Ernesto Zedillo Ponce de León, quien había renunciado como Secretario de Educación Pública para servir como organizador en la campaña de Colosio. Este golpe de suerte para Zedillo, quien nunca hubiera sido candidato en circunstancias normales, levantó aún más rumores de la confabulación.

Seis meses después, el 28 de septiembre de 1994, el cuñado de Salinas de Gortari, José Francisco Ruiz Massieu, exgobernador del estado de Guerrero y secretario general del PRI, también fue asesinado a plena luz del día en la Ciudad de México, eliminando así a dos de las más visibles y poderosas cabezas del PRI en México, Colosio y Ruiz Massieu. Finalmente, Zedillo fue elegido presidente, convirtiéndose en el último presidente de una secuencia de 73 durante los cuales todos los presidentes de México habían sido elegidos por el PRI.

Meses después del asesinato de Colosio, su esposa, Diana Laura Riojas, murió de cáncer de páncreas.

Solo resta por preguntarnos, ¿habría sido Colosio el Benito Juárez si hubiera llegado a la presidencia?, ¿Los extrañamos?

E.R.I

 

 

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