Dios no vive en iglesias de piedra

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Por esto salga usted de ella, usted no está sólo

No es para alarmarseEn el sermón de la montaña Jesús enseña: “Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” (Mateo 6, 6)

Jesús de Nazaret dice: “El reino de Dios está en vosotros.” (Lucas 17, 21)

Y el apóstol Esteban advierte: “El Altísimo no habita en templos hechos a mano, como dice el profeta (Isaías 66, 1 -2): ´El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?` dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros” (Hechos 7, 48-51). Inmediatamente después de estas palabras, los sacerdotes lo hicieron matar.

¿Debo hacerlo o no, salirme de la iglesia – si o no? ¿Qué es lo que realmente quería Jesús? Él no quería un estado enredado con iglesias. Él ni siquiera quería una iglesia hecha de piedra con pastores, sacerdotes, púlpitos, dogmas, altares y ceremonias. Y tampoco la enseñanza eclesial concuerda con Jesús, y su sangrienta historia es lo contrario de lo que Jesús quería.

Entonces, para aquel, que quiere darle la espalda a la iglesia, pero quiere seguir fiel a Dios, respectivamente, Jesús, vale: “¡Dios si, iglesia no, con esto usted no esta solo!” Ya en la Biblia, en las revelaciones de Juan dice: “Salid de ella, pueblo mío” (18, 4) – se refiere a la salida de la “prostituta de Babilonia”.

¿Dónde vive Dios?

Hoy día en casi todas las ciudades y pueblos del occidente, hay iglesias hechas de piedra. Aquel que quiere saber más sobre los trasfondos, se puede preguntar: ¿Por qué fueron construidos en tiempos pasados y porqué aún son visitados por las personas?

Porque en ellas, se dice, se pueden celebrar servicios divinos, respectivamente, misas. Pero en esto no es posible referirse a Jesús de Nazaret. Él no quiso que se construyeran iglesias de piedras, tampoco quería sacerdotes ni pastores.

Los primeros cristianos se llamaban entre si, simplemente FGV”hermanas” o “hermanos”, y se reunían en salas sencillas.
Ellos no necesitaban ostentosas iglesias, ya que ellos mismos eran el templo de Dios, y el espíritu de Dios “vivía” en ellos (por ejemplo  VCV  VVB Lucas 17, 21 y 1ª  Corintios 3, 16).

Jesús tampoco enseñó un complicado sistema de dogmas y sacramentos, si no, su mensaje fue simple, de manera que un niño lo podía entender: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado” (Marcos 1, 15). Lo que muchos profetas predijeron, ya se debía realizar en aquel entonces – el comienzo del reino de la paz. Jesús lo llamó “reino de Dios” y el evangelista Mateo usa la expresión “Reino celestial”.

Y: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que les maldicen, hagan bien a los que les aborrecen” (5, 44). Y: “No os hagáis tesoros en la tierra” (6, 19) y muchas otras cosas más. Sin embargo las iglesias sostienen al sermón de la montaña como una utopía, juntan tesoros, bendicen armas, reclaman privilegios exclusivos de parte de los estados.

Y exponen hasta hoy en un crucifijo al cadáver de Jesús. Pero Jesús no estuvo en la Tierra para hacerse ejecutar. En víctima recién se transformó, cuando sus contemporáneos se volvieron contra él, respectivamente, lo abandonaron. Y para distraer el fracaso de las personas, la iglesia posteriormente enseña, que Dios supuestamente había necesitado esta brutal ejecución, para poder abrir el cielo a los creyentes.

Desde la “secta” católica hacia la brutal iglesia del poder

Muchos se lamentaban cuando Jesús fue ejecutado, ya que antes había curada a muchas personas. Y él nos enseñó con su ejemplo, como se puede encontrar a Dios en el propio corazón, de manera que se hizo evidente, que los sacerdotes están demás. Entendible entonces porqué Jesús encontró resistencia de parte de los sacerdotes y escribas de aquel entonces.

Pero sacerdotes y escribas, después de algún tiempo volvieron a revivir en el cristianismo joven, falsificaron la enseñanza del hombre de Nazaret y transformaron al carpintero de Galilea en un nuevo sumo sacerdote (por ejemplo Epístola a los Hebreos 7-10).

Y ya al comienzo del siglo 2, ya no se habla del cristianismo original, si no del “catolicismo prístino”. Después de un corto tiempo de la corriente viva del cristianismo original, se había separado la “secta” católico, esta fue privilegiada, a partir del año 313, cada vez más por el estado, bajo el emperador Constantino, frente a las demás religiones.

En aquel entonces, en el año 326, en la tal llamada “ley herética” se dictó, primeramente, una prohibición para reuniones públicas y privadas de estos grupos. Si alguien ahora ponía a disposición un lugar o una sala a los cristianos originarios o grupos semejantes, la casa de aquel será confiscada a favor de la iglesia católica “y sin posibilidad de una apelación y prorrogar de tiempo” o a las autoridades de impuestos estatales (Eusebio, Vida de Constantino, citado según Adolf Martin Ritter, Iglesia Antigua, Neukirchen 1977, pág. 139).

Nada de esto quiso Jesús, y esto se ha desenvuelto, hace tiempo, en lo contrario de su mensaje. Bajo la nueva dictadura católica-romana, ordenada por un estado, ya no sólo sufren las personas, también los animales, apreciados por Jesús y los antiguos filósofos griegos y romanos, ahora declarados sin alma, y que son expuestos sin protección a la brutalidad humana (ver El Teólogo Nº 7, capítulo 4).

Sin embargo, quién señala las contradicciones con el cristianismo original o aquel que quiere seguir con su antiguo credo pagano, pronto arriesgará su vida. Pues a partir del año 380, cuando el emperador Teodosio I declara al culto idólatra católico-romano como única religión estatal, rige al mismo tiempo la pena de muerte para todos los no católicos, y en especial para aquellos que no querían creer en la construida enseñanza de la “trinidad”, en el concilio de Nicea, en el año 325.

Las iglesias no son casas de Dios

Todo esto es la tradición en el occidente cristiano eclesial y del emperador guerrero Constantino, a propósito, éste también mandó a ejecutar a su esposa Fausta y a su hijo Crispus, más tarde por sus méritos para con la iglesia, es canonizado. Y el emperador Teodosio I recibe de parte de la iglesia el apodo “el grande”. En esta parte, una pregunta aparte: ¿Usted también lo ve así? ¿Y quiere seguir participando y perteneciendo con estas tradiciones?

La iglesia recalca, para cada ocasión siempre su tradición, que es legada de una generación a la otra. Pero cada vez más en las personas se mueve una desconfianza sublimal frente a estas tradiciones. Y muchos se llegan a sentir incómodos, cuando ponen su pié en una iglesia.